jueves, 12 de julio de 2018

Instantáneas #36. Junio y julio 2018

Julio es, al menos para mí, un momento estupendo para investigar. Disponer de mucho tiempo seguido, con menos correos que contestar y menos citas que atender, permite concentrarse mejor en el estudio. Por eso he escrito menos últimamente en el blog y esa es la razón por la que aprovecho esta entrada para despedirme hasta septiembre. 
Os cuento algunas cosas que me han pasado últimamente:
1. Junio fue mes muy viajero, y en cambio julio no lo está siendo nada. Entre los viajes de junio subrayo el que hice para dar seminarios y conferencias a la Freie Universität de Berlín. Ha sido la oportunidad de conocer más a fondo una ciudad provocadora con la que me he llevado la mar de bien. En la foto acompaño a los compañeros del seminario de Romanística en una cena con que cerramos mi estancia allí. 
2. Salió, después de estar unos años en prensa, un trabajo mío de investigación que supuso mi primera incursión en las cartas de filólogos de la Edad de Plata. Recoge las cartas que se cruzaron Luis Rosales y Dámaso Alonso y se puede leer en la revista científica Bulletin Hispanique (2018).
3. Escribí una tribuna de opinión en El País titulada "Lo que nadie quiere" sobre por qué creo que hay que elegir por vocación y no por "empleabilidad" la carrera universitaria. La podéis leer aquí. Fue muy emocionante recibir mensajes de alumnos de Bachillerato que estaban pensándose qué carrera estudiar y que leyeron mi texto.

jueves, 31 de mayo de 2018

Instantáneas #35. Mayo 2018

Innsbruck (Austria)
Este mes de mayo ha tenido cinco semanas, cada una con sus citas filológicas. 
1. El mes empezó con una tribuna de opinión en El País, en la que hablé sobre la peligrosa posición de los anglicismos bullying y mobbing frente a la palabra acoso. La podéis leer aquí
2. Me entrevistó Gonzalo Gragera en la revista literaria Zenda (enlace aquí)
3. Viajé a Austria, a una preciosa ciudad incrustada en el valle de los Alpes, Innsbruck. Allí dicté la conferencia plenaria del congreso "Investigando las hablas andaluzas" organizado por Lorenzo García-Amaya, Jannis Harjus, Hanna Ruch y Nicholas Henriksen. Preparar esa conferencia me ha hecho estar varios meses dedicada a cuestiones de dialectología y gramática del español, y me ha gustado tanto que ya sé que voy a retomar esos temas en próximos congresos. 
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Innsbruck (Austria)
Este mes de mayo ha tenido cinco semanas, cada una con sus citas filológicas. 
1. El mes empezó con una tribuna de opinión en El País, en la que hablé sobre la peligrosa posición de los anglicismos bullying y mobbing frente a la palabra acoso. La podéis leer aquí
2. Me entrevistó Gonzalo Gragera en la revista literaria Zenda (enlace aquí)
3. Viajé a Austria, a una preciosa ciudad incrustada en el valle de los Alpes, Innsbruck. Allí dicté la conferencia plenaria del congreso "Investigando las hablas andaluzas" organizado por Lorenzo García-Amaya, Jannis Harjus, Hanna Ruch y Nicholas Henriksen. Preparar esa conferencia me ha hecho estar varios meses dedicada a cuestiones de dialectología y gramática del español, y me ha gustado tanto que ya sé que voy a retomar esos temas en próximos congresos. 

jueves, 17 de mayo de 2018

Por la yod al arte (VIII): los libros como abrigo

Varias veces en este blog he hablado de arte conceptual y, en concreto, de fotografía conceptual. De hecho, de esa disciplina se llenó el blog durante el tiempo que estuve trabajando con una serie temática que abandoné y que hoy recupero: por la yod al arte. Y vuelvo a ella porque estas fotografías del islandés Sigurdur Gudmundsson tienen los ingredientes que me gustan en esta clase de fotos. Me gustan porque la escenografía y las poses, en su escenario antiguo y en su calidad de fotos de los años setenta sin retoque digital, pierden pretenciosidad al verlas ahora, en 2018. Y me gustan porque son fotos que se pueden interpretar como el diálogo entre un hombre y una realidad. Reales sí, son los objetos y paisajes que nos rodean, y real es, al menos para mí, algo tan social como la lengua. Podéis ver más aquí.
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Varias veces en este blog he hablado de arte conceptual y, en concreto, de fotografía conceptual. De hecho, de esa disciplina se llenó el blog durante el tiempo que estuve trabajando con una serie temática que abandoné y que hoy recupero: por la yod al arte. Y vuelvo a ella porque estas fotografías del islandés Sigurdur Gudmundsson tienen los ingredientes que me gustan en esta clase de fotos. Me gustan porque la escenografía y las poses, en su escenario antiguo y en su calidad de fotos de los años setenta sin retoque digital, pierden pretenciosidad al verlas ahora, en 2018. Y me gustan porque son fotos que se pueden interpretar como el diálogo entre un hombre y una realidad. Reales sí, son los objetos y paisajes que nos rodean, y real es, al menos para mí, algo tan social como la lengua. Podéis ver más aquí.

miércoles, 25 de abril de 2018

Instantáneas #34. Abril 2018

Volvía hoy a casa pensando en que, mes tras mes, estas instantáneas que van apareciendo en el blog reflejan, como en un diario nada íntimo, las filologadas más relevantes que hago. En este mes de abril, como en otros, puedo contar que escribí en El País hablando de la expresión en plan y su uso en el lenguaje juvenil, así como de la vieja elle que una parte no yeísta de los hispanohablantes aún conserva. Podría explicar, y lo contaría con sincera alegría, que también colaboré con una sección del periódico que me encanta (De mamas & de papas) hablando de la adquisición del lenguaje. Podría hablar de entrevistas o de conferencias que fui a dar a algún sitio. Podría... Pero esta filología pública no reflejaría mi día a día ni mi filología privada, de casa. No permiten ninguna foto particularmente interesante para los lectores de este blog los actos que  llenan mi rutina y que son, en cambio, las cosas filológicas que más me gusta hacer. Ando investigando sobre gramática andaluza para una conferencia que doy próximamente en Austria, y esa investigación implica horas de lectura y anotación, por una parte, y horas de recolección de ejemplos, por otra. También estoy escribiendo un libro que espero terminar a final de este año 2018; me encanta el tema y el texto que estoy editando, pero voy lenta, y siento que estoy cosiendo un manto de kilómetros del que apenas llevo un centímetro bordado. No me desespero nada, porque ya sé, lo aprendí en mi tesis, que tras echar horas a un proyecto hay un día insospechado en que este es fruta madura, y cae hecho. Y junto con esos dos asuntos de investigación que me ocupan, estoy dirigiendo trabajos de fin de máster, atendiendo lo mejor que puedo a mis doctorandos, empezando a organizar un congreso y escribiendo para este blog.
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Volvía hoy a casa pensando en que, mes tras mes, estas instantáneas que van apareciendo en el blog reflejan, como en un diario nada íntimo, las filologadas más relevantes que hago. En este mes de abril, como en otros, puedo contar que escribí en El País hablando de la expresión en plan y su uso en el lenguaje juvenil, así como de la vieja elle que una parte no yeísta de los hispanohablantes aún conserva. Podría explicar, y lo contaría con sincera alegría, que también colaboré con una sección del periódico que me encanta (De mamas & de papas) hablando de la adquisición del lenguaje. Podría hablar de entrevistas o de conferencias que fui a dar a algún sitio. Podría... Pero esta filología pública no reflejaría mi día a día ni mi filología privada, de casa. No permiten ninguna foto particularmente interesante para los lectores de este blog los actos que  llenan mi rutina y que son, en cambio, las cosas filológicas que más me gusta hacer. Ando investigando sobre gramática andaluza para una conferencia que doy próximamente en Austria, y esa investigación implica horas de lectura y anotación, por una parte, y horas de recolección de ejemplos, por otra. También estoy escribiendo un libro que espero terminar a final de este año 2018; me encanta el tema y el texto que estoy editando, pero voy lenta, y siento que estoy cosiendo un manto de kilómetros del que apenas llevo un centímetro bordado. No me desespero nada, porque ya sé, lo aprendí en mi tesis, que tras echar horas a un proyecto hay un día insospechado en que este es fruta madura, y cae hecho. Y junto con esos dos asuntos de investigación que me ocupan, estoy dirigiendo trabajos de fin de máster, atendiendo lo mejor que puedo a mis doctorandos, empezando a organizar un congreso y escribiendo para este blog.