viernes, 9 de noviembre de 2018

Fábricas, hematocritos, un ratón y muchos niños

Tengo un recuerdo estupendo de las lecturas que disfruté cuando era pequeña; devoré los libros infantiles propios de la generación EGB. Fui de jovenzuela una voraz lectora de novelas y novelones. Luego vino la poesía. Siempre he encontrado libros a mi medida, propios del tiempo y del lugar en que me encontraba. Leí lo que quise y cuando quise. No me gusta que se obligue a los niños a leer pero recomiendo que en los cumples y las Navidades haya entre la orgía de juguetes algún libro. Siempre es posible encontrar un libro a la medida de un niño.Aquí os paso una selección de cinco libros infantiles sobre lengua y escritura que me han parecido interesantes.
Quiero empezar por los álbumes ilustrados porque esta semana en Sevilla se está celebrando la semana del álbum ilustrado y tenerlos por casa es gozoso para la vista y el tacto. Llegué a ellos a través de la autora e ilustradora sevillana Raquel Díaz Reguera, que tiene una bellísima colección de ellos, todos buen regalo para grandes y chicos (mirad aquí). Entre los que se dedican específicamente a lengua, os recomiendo La gran fábrica de las palabras (Agnès de Lestrade  y Valeria Docampo, en Tramuntana) cuyo contenido podéis ojear porque está narrado en este vídeo.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Instantáneas #38. Octubre 2018


Lo he dicho alguna vez y hace poco lo comentaba con una compañera: octubre, noviembre y marzo son los meses de gira para un filólogo. Por eso, estas instantáneas de este mes incluyen fotos de otros lugares y caras distintos a los habituales. Ha sido un mes de lo más entretenido, que empezó así:
-Volví un fin de semana a La Rioja. Participé en el congreso Trabalengua que reunió a traductores, periodistas, guionistas y otros profesionales que trabajan escribiendo. Me hizo mucha gracia que me invitaran a conferenciar en un sofá (¡el sofá del español!), en el que compartí charla con la periodista Mar Abad y con la filóloga Elena Hernández, responsable de la cuenta RAE informa.
-Escribí en Verne-El País sobre la palabra señoro y acerca de las evocaciones de los nombres. En El País Opinión me estrené en papel con esta tribuna sobre mi visión de cómo se enseña la asignatura de lengua en Educación Primaria. Me encantará que leáis estos textos.
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Lo he dicho alguna vez y hace poco lo comentaba con una compañera: octubre, noviembre y marzo son los meses de gira para un filólogo. Por eso, estas instantáneas de este mes incluyen fotos de otros lugares y caras distintos a los habituales. Ha sido un mes de lo más entretenido, que empezó así:
-Volví un fin de semana a La Rioja. Participé en el congreso Trabalengua que reunió a traductores, periodistas, guionistas y otros profesionales que trabajan escribiendo. Me hizo mucha gracia que me invitaran a conferenciar en un sofá (¡el sofá del español!), en el que compartí charla con la periodista Mar Abad y con la filóloga Elena Hernández, responsable de la cuenta RAE informa.
-Escribí en Verne-El País sobre la palabra señoro y acerca de las evocaciones de los nombres. En El País Opinión me estrené en papel con esta tribuna sobre mi visión de cómo se enseña la asignatura de lengua en Educación Primaria. Me encantará que leáis estos textos.

viernes, 26 de octubre de 2018

Que vivan las clases


Uno de los efectos curiosos de los cambios en los planes de estudio que atravesamos hace unos años (la famosa reforma de Bolonia) fue que nuestros horarios dejaron de ser regulares. De tener que impartir en licenciatura asignaturas anuales, con su horario fijo, pasamos a tener en los grados asignaturas cuatrimestrales, con un horario de septiembre a enero y otro de febrero a junio. En los másteres los horarios son aún más extraños porque la docencia está concentrada en dos meses.
Y por ese arte boloñés del birlibirloque, resulta que yo he empezado mis clases en estos días. Comienzo el año académico con dos cursos de máster: uno dedicado de manera monográfica a la edición de textos y otro dedicado al análisis de textos antiguos del español. Pasé las últimas semanas preparando y revisando materiales, pero siento que de nada sirven hasta que veo la cara de los alumnos: su nivel, sus objetivos de investigación, sus intereses. Es sorprendente, pero después de más de quince años dando clases, me sigo acelerando las vísperas del inicio de una asignatura y me sorprendo cotilleando en las fichas virtuales de mis alumnos para ver quiénes son y de dónde vienen mis próximos compañeros de camino.
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Uno de los efectos curiosos de los cambios en los planes de estudio que atravesamos hace unos años (la famosa reforma de Bolonia) fue que nuestros horarios dejaron de ser regulares. De tener que impartir en licenciatura asignaturas anuales, con su horario fijo, pasamos a tener en los grados asignaturas cuatrimestrales, con un horario de septiembre a enero y otro de febrero a junio. En los másteres los horarios son aún más extraños porque la docencia está concentrada en dos meses.
Y por ese arte boloñés del birlibirloque, resulta que yo he empezado mis clases en estos días. Comienzo el año académico con dos cursos de máster: uno dedicado de manera monográfica a la edición de textos y otro dedicado al análisis de textos antiguos del español. Pasé las últimas semanas preparando y revisando materiales, pero siento que de nada sirven hasta que veo la cara de los alumnos: su nivel, sus objetivos de investigación, sus intereses. Es sorprendente, pero después de más de quince años dando clases, me sigo acelerando las vísperas del inicio de una asignatura y me sorprendo cotilleando en las fichas virtuales de mis alumnos para ver quiénes son y de dónde vienen mis próximos compañeros de camino.

viernes, 12 de octubre de 2018

Congreso "Documentos y monumentos para la historia de la lengua"

La pareja de términos 'documentos' / 'monumentos' está asociada para mí a la etapa en que comencé a leer sobre Crítica Textual y Edición de Textos, cuando preparaba mi tesis. El libro La arqueología del saber de Foucault nos hacía pensar sobre cómo tradicionalmente hacemos monumentos a los documentos del pasado y, al hacerlo, los transformamos. Un documento es algo cerrado en sí mismo, pero al investigarlo lo tratamos de ubicar en su contexto extraviado y ese reconstruir lo que falta nos permite entenderlo y contribuye a que lo valoremos, a que lo hagamos monumento. Y toda reconstrucción de un texto empieza por su edición.
De edición de textos, de monumentos textuales y de historia de la lengua trata el congreso que organizamos en Sevilla del 11 al 13 de septiembre de 2019 (VI Congreso de la red internacional Charta). Convocamos a historiadores de la lengua y de la literatura que editan textos o que tienen cosas que decir y aportar sobre los textos editados o recopilados por otros. Nos interesan las perspectivas contrastivas con el español, los márgenes de los textos, la edición que contraría a los datos tenidos por aceptados y la que los confirma, la escritura poco hábil y la perita, la de obras canónicas de la literatura, la de mujeres; los textos que nos hablan del estándar y los textos que nos hablan de lo que no entra en el estándar. La idea es poner al texto en el centro y hablar en torno a ese centro de rentabilidad lingüística.
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La pareja de términos 'documentos' / 'monumentos' está asociada para mí a la etapa en que comencé a leer sobre Crítica Textual y Edición de Textos, cuando preparaba mi tesis. El libro La arqueología del saber de Foucault nos hacía pensar sobre cómo tradicionalmente hacemos monumentos a los documentos del pasado y, al hacerlo, los transformamos. Un documento es algo cerrado en sí mismo, pero al investigarlo lo tratamos de ubicar en su contexto extraviado y ese reconstruir lo que falta nos permite entenderlo y contribuye a que lo valoremos, a que lo hagamos monumento. Y toda reconstrucción de un texto empieza por su edición.
De edición de textos, de monumentos textuales y de historia de la lengua trata el congreso que organizamos en Sevilla del 11 al 13 de septiembre de 2019 (VI Congreso de la red internacional Charta). Convocamos a historiadores de la lengua y de la literatura que editan textos o que tienen cosas que decir y aportar sobre los textos editados o recopilados por otros. Nos interesan las perspectivas contrastivas con el español, los márgenes de los textos, la edición que contraría a los datos tenidos por aceptados y la que los confirma, la escritura poco hábil y la perita, la de obras canónicas de la literatura, la de mujeres; los textos que nos hablan del estándar y los textos que nos hablan de lo que no entra en el estándar. La idea es poner al texto en el centro y hablar en torno a ese centro de rentabilidad lingüística.